
Me estuve enamorando de la gente sin presente,
recorriendo el invierno por las calles desoladas de personalidad.
Ni un indicio de no-hostilidad, ni perros amigos del hombre.
Yo, con mis ocho capas de abrigo, y mis guantes negros agujereados,
y mi bufanda a rayas escocesas, y mi pantalón de feria americana;
y el entusiasta y vital laburo de mis zapatillas de lona.
.
Reconozco a un grupo de habitantes en la esquina
bajando de la vereda al asfalto, como caracoles autómatas de la vida,
y un guerrero desarmado de recursos sobre su carreta y rocinante,
sobre su vida anti-frivolo-forzada transportando la materia prima de los pobres,
el digno cartón que comen sus hijos, el digno cartón que abriga a sus hijos
semimuertos, semidescalzos, semiarrugados de angustia y de conciencia, "semivivos".
.Los faroles de la noche siguen intocables sobre sus postes
mendigando mi presencia vagabunda,
ellos que iluminan todo menos a los hombres son los únicos que aguardan el amanecer,
son los únicos que a falta de estrellas me guían a través de una cortina de lágrimas,
lágrimas poco visibles de niño,
llovizna.
.Ahora es agua helada que me roza el rostro pero no llega a mojarme;
y un señor alcoholizado de recuerdos,
durmiendo entre papeles y bolsas,
yace inerte, consumiendo intermitentemente el aire viciado
de su alma helada.
-"Es inútil, todo lo poco o mucho que haga, es inútil."-
Pienso, casi convencido de lo que pienso, mientras vuelvo a casa,
que jamás hice algo por alguien.
Se me cae la cara, la conciencia me desgrana.
Llego a mi hogar, cabizbajo, inadvertido de los reclamos de mí estomago,
¿es hambre lo que siento?, no tengo derecho a tener hambre.
Me arrojo, como a un precipicio, a mi cama,
y por más frazadas que utilice siento frío, glacial, polar.
Me cubro la cabeza con los trapos, con mi almohada,
pero estoy dentro de un iglú.
Y no puedo dormir, no soy quien para dormir.
Le pongo clavos al colchón pero, por el frío, se quiebran.